jueves, 28 de julio de 2016

Días chotisimos.

Buenas, gente. Bah, buenas, estos días las cosas han estado feas feísimas. Murió una tía mía en la clínica de acá porque los bestias le agujerearon la membrana del corazón al tratar de ponerle el marcapasos. Mala praxis, seguramente, pero sus hermanos no van a hacer juicio porque esos doctores y enfermeros se van a tapar entre ellos, y ganar un juicio por eso es muy dificil. Aparte, fue muy doloroso, muy de golpe e inesperado, no vale la pena dejar la herida abierta mucho tiempo más. Encima, de chicos esa era la típica tía soltera que ibamos todos los sobrinos a su casa para hacer lo que en nuestras casas no nos dejaban. Bueno, gente, aparecí para decir eso, nomás. Abrazo grande, se los quiere.

martes, 28 de junio de 2016

Nacimientos y muertes.

Hooola, gente, ¿cómo va? Disculpen por la tardanza en escribir, es que he tenido una semana bastaaante atareada porque he estado alambrando (no voy a terminar ni para el Juicio Final), y aburrida, porque la primera muerte fue la de mi notebook. El martes de la semana pasada cantó flor y el miércoles la llevé a arreglar. El viernes recién me dijeron que tenía el disco duro roto, y salió cambiarlo y reinstalarle los programas, así que hoy a la tarde, si el clima lo permite, voy a ir a buscarla. ¿El precio? Violación bucal, anal, por el sobaco, herida de arma blanca y penetración por la susodicha herida... bueno, tanto no porque sino me hubiera convenido comprarme una maquina nueva y listo, pero igual el precio no es muy suave. Veremos cuanto aguanta esta resurrección, jeje... Los primeros nacimientos tambien tuvieron lugar el martes; una chancha que tenía encerrada tuvo nueve lechones, bien fuertecitos todos. El miércoles encerré otra que andaba con la panza a la rastra, y el viernes tuvo seis hijos, también todos vivarachos. Bueno, y hoy me encontré con una muerte, no inesperada, pero igual de lamentable; el chancho que habíamos reservado para carnear; también el martes de la semana pasada, bueno, él había estado rengo desde hace año y pico, pero el martes se le venció la otra pata, y quedó sin poder levantarse, le dí comida como pude, lo hice tomar agua con una botella (me pregunto si no le habrá dado algo neurologico), pero igual, la noche del domingo se puso a llover imprevistamente y lo agarró en un mal lugar, que sabía yo que se iba a poner a llover, el tiempo está tan rayado, y ayer lo encontré mas con una pata en el otro mundo que en este, lo acomodé como pude en otro lugar, pero hoy a la mañana ya estaba muerto. Bueno, que voy a hacerle, cosas que pasan... abrazo grande, gente, se los quiere.

lunes, 13 de junio de 2016

Consejo

Se cierra una puerta.




Se abre una ventana.




¡Hay que irse al cuerno!


¡La casa está embrujada!



martes, 7 de junio de 2016

Salvado por la campana...

Bueeenas, gente, ¿como va? Me disculparán por no escribir, pero es que estos días estoy colaborando con un proyecto que si sale bien, ya les diré de que se trata, o quizás no, jejeje... Solo diré que mis cosas van bien,  aunque el clima se está portando de una manera un tanto rara, las tardes son muy frías, como que parece que va a helar la mañana siguiente, ¡pero a la noche se nubla y llueve! Y encima despues tiene el atrevimiento de helar un poco. No, si el encargado del tiempo debe tener un pedo cerebral y aprieta cualquier botón.
A lo que ibamos. El título es porque hace una semana, Pat me preguntó si el último lechón que quedaba podía dar quince kilos ya carneado, y yo le respondí que por lo menos daba eso, por abajo de la pata, entonces ella me dijo que lo carnearamos igual el día siguiente a la tarde. Bueno, el día siguiente calenté el agua, Pat llegó, y yo fui a buscar al pequeño monstruo. Pensaba que me iba a costar bastante traerlo, pero no, bastante manso el chochan, solamente lo tuve que sostener de una pata, llegaba a tener que llevarlo colgando, me hacía mierda la espalda. Bueno, el agua ya estaba lista y mi hermana ya estaba con el cuchillo en la mano, pero al ver el pedazo de animal que yo acarreaba, le agarraron unas serias dudas, y no era para menos, a mi me habían agarrado todo el tiempo, porque lo que habían encargado tenía que dar 15 kilos, cuando mucho 17, y el pedazo de bestia, carneado,oreado (seco, o sea, sin que le chorree la carne) y cerrando los ojos, por lo menos iba a dar 22.. Así que Pat lo pensó bien, llamó al tipo que se lo había encargado, y le dijo que un chancho había dejado todo mordisqueado al lechón, y me dijo que lo largue. Lo hice, y realmente me sentí bien por dos razones, primero, porque se me ocurría que para pelarlo nos iba a hacer parir ballenatos quintillizos, y segundo, si me hubiera hecho renegar para traerlo, no me hubiera dado lastima matarlo, pero lo llevé tan fácil, que sinceramente me alegré por él, por su buena suerte de seguir vivo a poquito de tener que acuchillarlo. Es como esas películas donde los protagonistas se salvan por un pelo, ¿no? Abrazo grande, gente.

domingo, 29 de mayo de 2016

Revolviendo en lo tirado (algo gracioso para contar)

Hace unas semanas, fui a cenar a lo de Miguel, como suelo hacerlo una vez por semana. Hacían falta algunas cosas, y de casa ya me habían encargado que compre harina y esas cosas por si aumentan más de lo que lo están haciendo, así que, mientras Miguel iba a bañarse, su mujer y yo fuimos al supermercado que tienen cerca a hacer unas compras para la comida. Bueno, hicimos las compras, y a la salida ella vio que había unos zapatos tirados frente a una zapatería que está al lado. "Uhhh, nene (siempre me dice nene, jaja), esos zapatos se ven lindos, ¿nos los podremos llevar?" A pesar de que ella conocía al dueño de la zapatería y yo no, me mandó a preguntarle si nos los podíamos llevar, entonces tiré mi dignidad por la borda y le hizo caso, a lo que él me dijo que no había problemas. Ahí los llevamos a casa de Miguel junto con la mercadería, y una vez que llegamos, los examinamos a las apuradas porque mi amigo se estaba bañando. Parecía que había un par de zapatos de cuero muy buenos y se los acomodamos al lado de la cama para ver su cara cuando los encontrase. En cuanto Miguel salió y los vio, bueno, nos preguntó de donde los habíamos sacado, los empezamos a analizar con mas cuidado y nos morimos de la risa. Los zapatos de cuero eran de número distinto, uno 37 y el otro 40, en tanto que los demas, por A o por B estaban medios  rotos, y era de esperar que así fuera, no van a tirar zapatos útiles. Al final María (la mujer de Miguel) fue la que salió mas beneficiada porque encontró unas sandalias que le llegaban a entrar algo justas, y el resto del calzado lo destinó para hacer macetas. Muuy buenas noches.
Moraleja; La gente no es estúpida, nunca va a tirar algo que sirva, aunque tenemos un reloj que una vez encontramos tirado y nunca se ha detenido...

sábado, 14 de mayo de 2016

Caminando.

Voy caminando por paisajes campestres, sin saber a donde voy y sin molestarme en averiguarlo. El día está nublado pero bastante luminoso y nítido, y la niebla que hay se cierra completamente a los quinientos metros. Llevo mi campera de egresados del año 2000, aún bastante intacta, la pobre, un pantalón de jean azul y unas botas blancas. No sé que hora es, hace literalmente una eternidad que voy caminando. El pasto azul está lleno de rocío, pero por alguna razón, las botas no se me mojan, y las ramas colgantes, cuando las cruzo, no me llenan de lluvia fría, como si el agua que tienen no quisiera caerse. Los lugares por donde paso tienen una extraña quietud, no hay nada de frío y no corre una gota de aire. Voy por el medio de caminos secundarios y principales, sin nada de precaución porque sé que no va a pasar ningún vehículo, aunque a veces me desvío de manera aleatoria y me meto en los campos pasándome por los alambrados. Nadie me va a decir nada, porque todo está abandonado aunque sin señales de deterioro. Todo es una sucesión de infinitos campos cortada de vez en cuando por alguna ciudad, pero a los lugares urbanos los esquivo, son para visitar muy de vez en cuando.
La neblina se retira en cuanto me acerco a ella, pero en cambio, deja salir campos, de vez en cuando una casa, a veces tranqueras, y a veces montes de altos árboles lustrosos que parecen ocultar secretos en el fondo, y que parecen contar con una neblina particular. Normalmente uno desconfiaría, porque no se sabe quien o que podría aprovecharlo como escondite, pero yo sé que no hay nada. Nadie va a esconderse ahí a esperarlo a uno para nada, porque ahora eso ya no tiene sentido. Ahora todo es caminar, porque uno no siente ni cansancio, ni ganas de sentarse, ni hambre ni sed, ahora todo es cuestión de explorar y encontrar, no para guardarse nada, sino para ver, y de vez en cuando, manipular, pero sin modificar demasiado nada. Por ahí encuentro alguna llave francesa puesta en una torniqueta, como si la hubieran abandonado en el acto de estirar los aflojados alambrados; le doy una vuelta más a cada uno de los hilos, y me voy, dejando la llave francesa para el próximo que pase. Sí, hay otros como yo, con los que me cruzo cada tanto, de a uno. Todos vamos solos, no llevamos lastre humano, porque la soledad es como un privilegio. Los que surgen de la niebla saben ser amigos, desconocidos, conocidos o parientes, de cualquier sexo, edad y vestimenta, y a veces uno se detiene unos breves minutos a hablar con ellos, o simplemente los saluda a la distancia, tanto como si los ha reconocido como si no. No hay nostalgia o arrepentimiento de haber dejado atrás a alguien querido. Tenemos toda la eternidad para encontrarnos de nuevo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Trozando y comiendo.

Hola, personitas, ¿cómo han estado? Yo bastante tranqui, dentro de todo, ahora está nublado, frío, con viento y llovizna de a ratitos, como debe ser, después de todo, ya es otoño, y es tiempo de que el clima se porte así. Bueno, les cuento que el sábado me pintó la locura y asé un lechón para comer frío, nada de comerlo caliente a mediodía ni nada de eso, porque ya se nos había vaciado el freezer, y no daba, teniendo vacas, ir a comprar carne. Me salió bastaaante lindo, salvo algunas partes cerca de los huesos que quedaron algo crudas, pero no nos hicimos drama y los terminamos de cocinar en la cocina de leña. A eso, a la tarde cayó un remisero a comprar huevos, y hablando de todo un poco, me encargó que le matara y pelara un lechón para las diez de la mañana del día siguiente. Bueno, que iba a hacerle, una vez que se vendía alguno...
La cosa es que a la mañana siguiente me levanté tempranito, calenté el agua con leña seca fina, y al rato ya estaba calentisima. Maté el chancho, lo pelé y lo embolsé, y menos mal que no se me dio por tardar un poco más porque a los diez minutos llegó el remisero a buscarlo. El resto del día pasó bastante tranquilo, nublado pero sin viento ni frío, así que a la tarde salí en bicicleta al pueblo. Fui a lo de Pablo, pero estuve un rato nomás, porque se fue a lo de un amigo a ver películas o videojuegos, algo de eso, entonces yo enfilé para lo de Miguel con la idea de estar un rato nada más y luego regresar al campo, pero se me hizo tarde y me quedé a comer ahí. Luego, como ya había tomado algo y no estaba en condiciones de pedalear bajo riesgo de amanecer en una cuneta, Miguel llamó a la remisería. No va que al campo me llevó el mismo remisero que me había encargado el lechón, y me felicitó porque le había salido muy lindo, que era pura carne y que no tenía nada de grasa... jejeje, menos mal que no le conté que gran parte de su vida el lechón estuvo a soja. Llegando al campo me encargó otro para cuando tuviera. Voy a aprovechar la plata de los lechones para comprarme una cámara digital nueva, porque la que tenía cantó flor.
El lunes encerré una vaquillona, y el martes a la mañana vino el zorrino y nos la carneó, o sea, la mató y la despostó (descuartizó). A los pedazos los colgué en una pieza para que se escurran un poco, así que el día siguiente clasificamos las diferentes partes, las embolsamos, y llenamos el freezer. En algunos días habrá que llevar a cortar los huesos, pero por lo pronto ya tenemos comida para dos o tres meses.
Ycomo para estar a juego con lo de alimentarse, esta semana mi nota de mitología habla sobre los vampiros. Justamente ayer me quedé viendo una película llamada "Nosferatu en Venecia", donde, en resumidas cuentas, el vampiro protagonista se moría si se garchaba a una virgen, pero no dejaban en claro por cuanto tiempo, porque estuvieron dale que dale un buen rato, y no se murió porque los interrumpieron. Volviendo a la nota, parece que había unos vampiros chinos llamados kappas que chupaban la sangre por el culo, supongo que si agarraban a alguien con hemorroides era su día de suerte, jajaja. Abrazo, gente, se los quiere.