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sábado, 13 de diciembre de 2008

Arbolito instantáneo.


Hoy es ocho de diciembre, y como es costumbre, se arma el arbolito. Antes era toda una ceremonia sacarlo, decorarlo, hasta llegamos a tener tres árboles distintos, y uno de ellos agrandado con una gran rama de pino, chica la mugre. Después de los adornos, las luces, otro dolor de cabeza más, porque un tramo andaba y otro no, cambiar los foquitos a ver como andaban, un coñazo, diría Egeo. Sin embargo, ya solucionamos la cuestión. Hace unos tres años armamos el arbolito blanco, lo dejamos en un lugar hasta el día de Reyes... y después lo embolsamos armado hasta las próximas Navidades. Qué práctico, ¿no? Solo que da un poco de lástima, porque es lindo armarlo y todo eso, pero se hace tal quilombo... Es decir, antes, cuando era chico, me encantaba la época de Navidad, comprar los adornos y ponerlos, o también mirarlos. No sé porque me encantaban (y me siguen encantando) las guirnaldas rojas. Las veo y tengo la sensación de que tengo seis o siete años. Otras cosas que también eran lindas eran unos adornos caseros, unos falsos regalos, cajitas chicas que se ponían al pie del arbolito. Se re notaban que eran hechas en casa y que ya tenían unos cuantos años, pero me gustaba mirar el hilo blanco y gastado con el que estaban hechos los moños, el papel de regalo, y hasta las telarañas que tenían, porque eran parte de su encanto. Aunque creo que añoro esa época de cuando era chico en Navidad, porque estábamos todos, y porque la vida, en todos los sentidos, era mucho más fácil...

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