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sábado, 6 de diciembre de 2008

Sueño

El otro día soñé algo. Estaba mirando en una mesa el plano de las salas velatorias, y estaba marcado con naranja el lugar donde habíamos velado a papá. Yo pasaba el dedo por todos los lugares, como memorizándolos, y al pasar por el lugar naranja, me ponía a llorar muchísimo, revivía la angustia que sentí ese día. No fue una pesadilla ni mucho menos, solo algo que pasaba. Me hizo muy bien llorar, digo esto porque aunque haya sido un sueño, creo que lloré en serio. Ahora no sé si lo que me pasa será normal o no, pero me está dejando de importar si lloro o no, si me pongo mal o no. ¿Por qué será? ¿Será normal? No me haré la boluda pregunta de si estará bien o mal, porque no es cuestión de que esté bien o mal, es algo que siento, no algo que hago premeditadamente. Mi mamá hay días que está mal y se pone a llorar, y yo hablo con ella, trato de consolarla como si yo fuera un especialista en lo del dolor y todo eso, cuando en realidad no sé ni siquiera las cosas que le digo, aunque ella me dice que le hace mucho bien que yo le hable. Qué se yo. No sé mis hermanas como lo están tomando, pero en apariencia, mejor que yo.

El hablar campesino.


Es una pavada lo que voy a contar, pero me sorprendió como para comentarlo acá. Creo que fue el martes que fui al pueblo a hacer algunos mandados (en el camino de vuelta se me quedó en llanta la bicicleta a cuatro Km. de casa, grrrr) y ya que estaba, para variar pasé por el ciber. Estaba ahí, boludeando, y se conectó Damustile, ese simpático y extraño porteño.
-¡Hola, Damus! ¿Cómo has andado?
- Hola. Bien. Se nota que sos de campo.
-¿Por qué?
- Has andado.
-¿En que he andado?
- Decís “has andado”. Así hablan en el campo.
Y dicen que los de campo somos observadores. Nunca me había fijado en eso.