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sábado, 10 de enero de 2009

Odio ser fontanero.


Buenas, ¿como están? Yo bien, un tanto cansadito por el calor y las caminatas que tengo que hacer por día. Me llevé una gran sorpresa porque quedaban nomás cuatro sidras de las once que habían sobrado el domingo. Alguna había tomado, pero tantas no. Menos mal que mi madre me dijo que las había guardado en otro lugar para ver si duraban más. ¡Será mal pensada...! Otra más que piensa que soy borracho. Ya sé, hazte la fama y échate a dormir...
Se está poniendo difícil mantener ciento cincuenta y pico animales en cuarenta y tantas hectáreas. Menos mal que el viernes un carnicero se llevó siete de los novillos en mejor estado. Es algo chico, pero va a haber un poquito más de comida por animal. Ahora los estamos largando a comer a una calle cerrada que está atrás del campo, que por ahora los está dejando contentos, aunque haya que vigilar cada tanto que no se pasen a los cuadros vecinos o se salten el alambrado que corta la calle. No lo han hecho hasta ahora, pero conociéndolos... Sería contraproducente, pero me gustaría que cuando esté más crecidita la soja de Vellón alguna vaca se salte y se la coma, aunque sea una plantita, para ver que gusto tiene. ¡Otra que las retenciones, jejejeje....! Otra que piquete nos haría Vellón, que todavía le debemos como cinco mil pesos.
Con este asunto del calor, hay que estar a cuatro manos con el asunto del agua y los animales. En los días demasiado hirvientes los animales se saben amontonar en las bebidas y en esos amontonamientos rompen los flotadores y sacan las uniones, provocando que se vaya cualquier cantidad de agua. Peor es cuando tuercen la salida de agua, que el flotador queda arriba como si hubiese mucho líquido, y los bebederos se vacían, y las vacas empiezan con un balerío que rompe los tímpanos. Pero los laureles de las cagadas, ¿quiénes se los llevan? Por supuesto, los chanchos se llevaron los laureles. Se me había ocurrido hacer los trabajos temprano para ir al pueblo con tiempo y hacer algunas cositas. Entré las vacas de la calle, y ya me iba a cambiar, cuando vi que un bebedero que está en el medio de un cuadro donde van las vacas y que va pegado al chiquero estaba rebalsante de agua como nunca. Me fui a fijar, y el flotante estaba salido con la unión que lo junta con la salida de agua, y en el charco que se había formado para el lado del chiquero había como cuatro o cinco chanchos revolcándose. Grrrrrr! Y eso que tienen alguna lagunita por ahí. La cosa se repitió como dos o tres veces, y consideré ponerle alguna chapa al flotante así los animales no lo sacaban más, pero la fui a buscar y vi que era demasiado trabajo acomodarla para lo que podía llegar a durar, así que hoy, sábado, me levanté temprano y después de ordeñar la Niebla (la vaca de Pat) fui y abrí las canillas correspondientes para que se les formaran unas lagunas. Hoy tengo pensado irme temprano al pueblo. Espero que el invento que les hice los conforme.

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