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sábado, 25 de abril de 2009

Animales gigantescos.


El domingo me levanté temprano y puse el agua a calentar para el lechón que había vendido Vir el día anterior. Cuando el agua ya estaba a punto, fui a buscar alguno de los kilos que habían encargado... ¡y vi que hasta el más liviano de los chanchos daba mucho! ¡Cómo detesto cuando pierdo la perspectiva del peso de los chanchos! No me iba a volver para atrás así que agarré el que me pareció más chico y lo empecé a hacer. Encima vinieron a buscarlo temprano y todavía me faltaba afeitarlo y cepillarlo. Se lo llevaron peludo y sucio, pero un poco más barato de lo que se lo tendría que haber cobrado porque me dio un poco de vergüenza. Lo mismo pero distinto pasó el miércoles. Creo que ya he dicho que teníamos tres lechones encargados para ese día. Al final solo hicimos dos, porque sino el tipo nos iba a matar, y se los dejamos más baratos, porque uno dio 18 y el otro 16, cuando quería lechones de hasta quince. ¡Que lo parió! Los lechones se han hecho casi cachorros, por lo menos, para ser lechones son gigantescos. Ahora la gente está pidiendo, pero los próximos van a estar para dentro de un mes, por lo menos. Supongo que la culpa es en parte mía, porque el mes después de que nació el Turquito no fui a ver al que nos compró los últimos dos lechones, pero no quería que Pat tuviera trabajo, y no quería que el Pelado descuidase el trabajo de su quinta para ayudarnos.

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