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martes, 14 de abril de 2009

domingo trabajoso.


El día siguiente me desperté a las ocho menos cuarto, por ahí, le cebé mate a mamá y me fui a echar los terneros para que comieran a la calle. No hice asado. No tenía la más mínima gana de estar al lado del fuego. Para compensarlo, después de comer me puse a hacer cosas que no me habían indicado. Saqué los terneros destetados para otra porción de la calle que está ahí nomás al lado del corral y los dejé comiendo unas horas para que después no hiciera falta darles tanta cebada como otros días. Se me dio por ir hasta el chiquero. El viernes habíamos estado encerrando lechones con el Pelado en un corralito donde también se saben poner los chanchos gordos o las chanchas secas, depende de la chifladura que tengamos en ese momento. Al parecer, en mitad del trabajo nos habíamos olvidado de atar bien la tarimba que hace de puerta, y estaba así nomás, de pie. Fui a buscar alambre para sujetarla bien, volví, y se había caído. Más de la mitad de los lechones se había salido en ese ínterin y estaban desparramados por todos lados. Tuve que ponerme las zapatillas, porque iba descalzo como es mi costumbre (y así tengo las plantas de los pies, todas rajadas) y tuve que hacer un rodeo atrás de otro para poder encerrarlos de nuevo. Me costó algo de trabajo pero pude hacerlo, no quedó ni uno solo afuera. Me sentí tan bien...

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