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sábado, 18 de abril de 2009

Perros.


Un día de esta semana faltaron dos perros, y los encontramos muertos. Eran el Felipe y el Patán. Al Patán lo encontramos al lado del baño, y por como estaba, parecía que se había muerto dormido. El Felipe estaba en el campo de Hernán, al lado de unas silobolsas (bolsas impermeables donde se guardan las semillas para que duren). Veredicto; envenenamiento. Los perros de mierda salían a callejear a la noche, como si acá no tuvieran comida. Hernán pone grasa envenenada para los peludos (por si lo lee alguien de otro país, los peludos son los armadillos, supongo). Los perros encontraron la grasa envenenada, la probaron, y así les fue. Qué lástima, che, y también que pajeros los perros. La culpa fue del Felipe, porque los perros de acá no eran de salir a boludear lejos, pero él les enseñó a hacerlo. Pero también, Hernán, ¿no puede poder la clásica trampa para peludos, un tarro enterrado con grasa adentro? Le comenté lo que pasó y puso cara de no saber nada, y eso no es criticable, pero pasa que siempre que viene acá se arma con un palo por si los perros lo ladran, y me parece de mala educación, porque lo hace como si los perros fueran de él, así que lo del envenenamiento, aunque no sea voluntario, parece como a propósito. Sé qué no lo es, pero en fin...
PD: Para los morbosos, el de la foto es el Patán, lo encontramos así. No está ni despierto ni dormido, no sé si me explico... Hoy lo quemamos.

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