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sábado, 23 de mayo de 2009

Sueños estrafalarios.


Hola. Es viernes. Dolor de cabeza como cuando hay tormenta. No hay nada nuevo para apuntar, si sacamos el hecho de que apuntalé un poste en un alambrado que divide dos cuadros para que los animales dejen de pasarse, de que parieron dos vacas y de que planeo ir al pueblo si el tiempo lo permite (el tiempo climático).

No sé que habré comido, tomado o fumado las ‘ultimas semanas, porque he tenido sueños bastante extraños.

El primero lo tuve la semana pasada. Creo que lo tuve por la propaganda de una película que vi, que en el 2057 el sol se está apagando y mandan una nave a recargarlo. Soné que una mina y yo éramos los encargados de hacer eso, pero que un militar que había (Samuel L. Jackson, faltaba mas) no nos dejaba ir porque no era una tarea digna de nuestro bajo rango, y que sé yo, y nos ordenaba hacer explotar la nave, que también se la usaba para ir a tirar la basura al espacio. Mi compañera y yo le decíamos que si, pero poníamos cargas de artificio alrededor, las hacíamos explotar, y en toda la joda del humo, mandábamos la nave para el sol. Nosotros no íbamos, porque la nave tenia que explotar adentro del sol, es que era una misión suicida, pero como precisaba un ser vivo para funcionar, habíamos puesto como tripulante a la tortuga de mi abuelo (otra que la perra Laika). A mi me daba cosa…

El segundo lo tuve el martes. En este criábamos dinosaurios, o estábamos adentro de Jurasik Park, no estoy seguro, pero a la vuelta de la casa estaba todo infestado de bestias prehistóricas. Yo salía por un lado de la casa y había un velocirraptor de un metro de altura mirándome con esa cara de asco que tiene cualquier lagarto. Yo, que ni en mis sueños consigo hacer algo coherente, en vez de meterme de nuevo en la casa daba toda la vuelta para entrar por el otro lado, con la porquería pisándome los talones. Llegaba a la puerta de la cocina con el ‘ultimo aliento, rogando que no le hubieran puesto pasador, y por suerte no estaba trabada. Me metía en la cocina, miraba por la ventana, y el dinosaurio se había vuelto un gato rojo que me miraba con esa expresión lujosa que tienen los gatos. Después no recuerdo bien, había dinosaurios comiéndose carne podrida que era para los chanchos, y que Vir veía un tiranosaurio que se acercaba y decía “ese bicho es una mierda”, por la parte de Jurasik Park donde explicaban que si no te movías no te veía. Para el final del sueño estaba lloviendo, y los dinosaurios se habían comido todas las vacas y todos los chanchos, y yo estaba debajo de unas chapas con Sam Neil y Laura Dern, y entraba corriendo un cachorrito de triceratops, medio gelatinoso, ahora que pienso, y yo lo agarraba de la pata, lo sopesaba, y decía “no, este no va a dar lo que tiene que dar”, señal de que pensaba carnearlo.

El ‘ultimo lo tuve el viernes a la madrugada (es mas fácil decir el jueves a la noche pero no quiero confundirlos mas de lo que ya están de por si). Ese fue el más raro de todos, porque me desperté y por un rato largo traté de acordarme que película era, porque estaba re convencido de que era una que había visto en la vida real, con argumento y todo. Había una chica que se escapaba de la casa en un aparato parecido a los primeros aviones, algo mas que un ala delta con motor, búsquedas de parientes, y todas cosas así. Yo me quedé pensando un buen rato al despertar que película sería, porque estaba re buena, hasta que me puse a analizarla, y llegué a la conclusión de que era un sueño. En ninguna película que yo haya visto, ni siquiera las de Subiela, a los pobres les ponen sillas para que se sienten a la costa de la calle.

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