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sábado, 27 de junio de 2009

La vaquillona estrella (o la vaquillona que se estrella)


Sí… contra mí se estrelló.
Vino un tipo de apellido Sat-ray para ver animales, y eligió una vaquillona, que se la iba a llevar viva. Bueno, hasta ahí todo normal. Vino al día siguiente con el hijo y otro viejo (me pareció medio forro), la ataron y les ayudé a llevarla hasta un cargador que tenemos en la esquina que da al camino de tierra que viene directo de la ruta 33 (ufff). En una de esas, la vaquillona venía medio retobada y se quería ir para cualquier lado a cada paso, y así fue que en cierto momento, salió un poco disparada y topó algo con la fuerza de sus cuatrocientos ochenta kilos. Mi cabeza. Me hizo ver las estrellas, di dos pasos para atrás y me senté de ojete, mientras los tipos me preguntaban si estaba bien, pero sin poder atenderme demasiado porque estaban metiendo el animal del diablo en el cargador.
Me levanté como pude, un tanto aturdido y mareado, realmente no sabía para que lado disparar, me preguntaban cosas y yo no sabía que responder, hasta dos o tres minutos después cuando se me aclararon las ideas, gracias a la mañana fría. La vaquillona me había pegado en la frente y la base de la nariz. Les ayudé como pude a cargarla (aunque me decían que dejara y que me siente por si estaba descompuesto, y al que le interese, el hijo me resultaba viejo) y sentía un dolor latiente en la frente como si me hubiera llevado puesta la Muralla China. Una vez que la ataron y todo, los buenos hombres sacaron una botella de Legui y me dieron unos generosos tragos para que me terminase de componer. Así da gusto accidentarse. Claro que el idiotamiento que atravesé todo el día no sé si atribuírselo al golpe de la vaca o a la botella. ¡Hic!

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