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sábado, 25 de julio de 2009

Ahorrando.


El otro día Pat me dijo que yo había resultado ser el más ahorrativo que había quedado en casa, y creo que tiene razón, modestia aparte. Antes, cuando estaba papá, él me daba plata para cuando salía diciéndome que no me la tenía que gastar toda y yo me la gastaba igual, y con la plata propia que tenía de unos novillos y varios lechones hacía gastos horribles. Creo haberme moderado. Quizás Pat tenía miedo de que yo gastara la plata de la casa en estupideces, tipo porquerías, juegos para la computadora, comida chatarra de la que papá pocas veces traía, pero la verdad que no se me pasó por la cabeza. Creo haber madurado en ese aspecto, porque sé que es la plata que se usa para pagar cuentas, y también que no estamos como para tirar manteca al techo. Las que no parecen haberse dado cuenta de eso son mamá y Vir. Ya sé, me pongo pesado con las críticas hacia ellas, pero es la verdad. Parece que no se dan cuenta de la situación. Cada vez que arman la lista de compras yo intervengo un poco para que compren lo esencial, o si quieren, alguna cosa más, pero nada de cosas que casi nunca se compraban cuando estaba papá, tipo salchichas, o postres para hacer. De acuerdo, no me quejo cuando yo saco plata de la casa cuando salgo, pero me deslomo toda la semana, creo tener un poco de derecho a usarla. Ellas, en cambio, toda la relación que tienen con la plata de la casa es gastarla. No me gusta ser tan duro, en especial porque también ayudan en lo que pueden pero hay veces en que me pudren, porque el trabajo pesado siempre recae en mí y no parecen tener idea de lo que representa.

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