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sábado, 25 de julio de 2009

Por suerte no nevó.


El miércoles me levanté un poco tarde para lo que siempre me levanto, porque hacía un frío tremendo y cuando hace frío me pongo a remolonear y pasan los minutos y minutos sin que yo haga algo productivo por la vida. ¿De dónde hacía tanto frío?, me preguntaba, hasta que le cebé mate a mamá y ella se puso a escuchar la radio de acá. ¡Estaba nevando en pueblos cercanos! ¡Corno!, pensé yo. ¡Esto va a ser la ruina del campo si llega a nevar acá!
Y sí, es la pura verdad. Nuestros animales no están tan robustos como para soportar algo así, de hecho, no sé si lo podrían soportar aún estando lo bastante reforzados corporalmente. Encima todos los de la radio, todos los del pueblo ansiosos por ver la nieve, parecía a propósito las cosas que decían “ojala que el viento traiga algún copo para acá”, “que nieve, que es lo que estamos necesitando”, “es un hecho histórico”. Sí, ya sé, yo siempre queriendo buscarle la quinta pata al gato en contra del mundo, pero no me bancaba el hecho de que capaz de morírsenos la mitad de los animales y los otros tan alegres por ahí, aún cuando no tuvieran la culpa. Aparte, no somos nosotros solos los que tenemos vacas y chanchos, a algún otro se le podía complicar también. Le mandé un mensaje a la radio diciendo que mejor que no nevara porque sino lo producido por el campo se iba a ir al diablo. No lo pasaron, jaja. Encima me enojé bastante con mamá porque se puso a defender a los del pueblo que querían que nevase, y bueno, por mí que les guste que neve, pero ella se tiene que poner del lado de nosotros, porque ella vive de estos animales, igual que cuando se pone a justificar a los carniceros a los que hay que bajarles el precio para que compren.
Por suerte, no nevó para nada. Amagó con unos días bastante fríos pero nada más. Por suerte, todas las vacas vinieron al monte como buscando reparo, y viendo que no se movían de ahí, no me quedó otra que llevarles rodando un rollo hasta el monte. No era un rollo completo, porque había estado sacando días antes para que comieran los novillos, pero igual me costó un poco llevarlo rodando. Las vacas se me abalanzaron en cuanto vieron lo que les llevaba. De pronto, mamá salió de entre las plantas diciéndome que en un callejón que hay atrás del monte había una vaca caída. ¡Corno!, opiné de nuevo, y fui a ver de que iba la joda. Sí, una vaca careta (se les dice así a las que tienen la cara de otro color que el cuerpo, no es que sea una vaca falsa y forra) estaba bien estirada en la mitad del paso, no por debilidad, sino que justo se había caído en la parte baja del terreno y estaba media acalambrada. La di vuelta y la eché como pude, mientras renegaba un poco, porque había vacas en peor estado que esa, y si esa se había caído, ¿qué iba a pasar con las otras? A la tarde vinieron Pat y Sam, que aparte de darle un poco más de rollo a las vacas, le dieron suero a la caída, al pedo porque hoy amaneció muerta, luego de que ayer traté de enderezarla y darle de comer, sin éxito. Bueno, una boca menos que alimentar, en todo caso. Pero también una buena noticia; cuando fui a alimentar a los chanchos, vi que faltaba una chancha, me fije en unas parideras que hay por ahí, y había tenido la decencia de ir a parir en una de ellas, a salvo de los otros que le iban a comer los siete lechones que tuvo. Que bien, ¿no? Saludos.

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