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sábado, 22 de agosto de 2009

Rinconcito.


Estos días se me ha puesto por pensar en esto. Ya sé que existen las circunstancias, las posibilidades, las casualidades, los momentos inoportunos, las decisiones que uno no puede corregir y toda esa suerte de cosas sobre las que uno no tiene el menor control la mayoría de las veces, pero muy pocas veces uno termina donde quería llegar o hace exactamente lo que quería hacer, o ni siquiera sabe donde va a terminar. Por ejemplo, yo no sé que vamos a hacer cuando todo el lío de la sucesión se termine, si vamos a seguir acá en el campo o nos vamos a ir a vivir al pueblo. Porque el campo últimamente da menos de lo que se gasta en él; estamos resultando un fiasco para sacarlo a flote, pero me daría mucha lástima dejarlo, aunque me parta el lomo. Por ejemplo, en el patio hay un rincón entre dos paredes cruzadas donde el sol da fuerte, no importa si es otoño o verano, con un poquito de luz que haya ya hay calor. Este invierno no ha sido tan así, pero otros años yo me ponía ahí después de comer, y aunque a la mañana hubiera caído una helada soberana, al ratito yo me quedaba nomás con los pantalones puestos, los pulloveres y la remera ahí al costado, junto con las zapatillas. Estaba tan lindo que hasta me quedaba dormido o me tenía que ir para no acostumbrarme tanto a ese calorcito para no resfriarme después cuando me pusiera de nuevo al frío. Esto parecerá una pavada, pero es uno de los motivos por los que no quiero irme, porque en ningún otro lugar del mundo habrá una esquina que dé el mismo calor con la misma calidad que la de casa, ni tenga la misma dureza familiar (ladrillos de hace cien años), ni la misma ubicación, ni nada. A la vez, me pongo a pensar sobre si yo no tengo derecho a irme de acá y fabricar mis propios rinconcitos en otra parte. Esto por lo que estoy pasando es un corno, y no sé como reaccionar, porque tuve tiempo para pensar en momentos como este y no lo hice. La vida lo lleva a uno, de eso no hay duda. Uno puede llegar a entenderlo pero nunca a aceptarlo, y si uno no puede fabricarse rinconcitos, tiene que refugiarse en los que ya están construidos.

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