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sábado, 1 de agosto de 2009

Trabajos del campo.


El lunes algo bueno; cargamos cinco animales para un carnicero. Cinco bocas menos para alimentar, por suerte. Todavía no sé cuanto las pagó, pero por lo menos no van a estorbar más.
El martes a la mañana vino Hernán para pedirme unas jeringas que nos había prestado por si íbamos a vacunar los animales. Yo ni recordaba si lo habíamos hecho o no, así que se las di, y después le mandé un mensaje a Pat diciéndoselo, y me respondió “justo que las íbamos a usar hoy”. Yo pensaba que era un chiste, porque siempre me dice cosas así y después resulta que no hacemos nada, pero resultó que era de verdad. Casi sin previo aviso (en realidad ya habíamos hablado de eso, pero lo había olvidado) encerramos todos los animales y empezamos a desparasitarlos.
El miércoles a la tarde ellos vinieron de nuevo pero además de al Turquito también trajeron a Charly, el hijo de unos amigos de Buenos Aires que están parando en la quinta, para pelar dos lechones que les habían encargado. Justo el día anterior me habían llamado por teléfono y me habían encargado otro, así que había tres para hacer. Lo que hubiera sido un trabajo de una hora y listo se prolongó un poco más, en parte por mi culpa, y en parte culpa de los otros (¡cuando no! Jeje). En serio, porque no respetan mi forma de trabajar. Por ejemplo, la forma que tengo de matar los lechones. Tratándome como si tuviera que hacer como ellos, como si yo nunca hubiera degollado ningún animal. Me pongo nervioso si me apuran y puedo cometo errores, por eso, cuando Sam y Charly estaban más o menos lejos, agarré el primer lechón que vi, que tenía que dar 13 kilos limpios, pero dio un poquito más, jejeje, y lo mismo pasó con los otros dos. Sam se quejaba de lo grandes que eran los lechones, pero Pat no se hizo ningún problema. Aparte, otros no había, o estaban muy lejos, jejeje.

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