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sábado, 10 de octubre de 2009

Arreglando las ruinas de los chiqueros.

Hace unos días arreglamos el chiquero para tener los lechones bien a la vista, para que de paso no le vayan a destruir el cuadro a los vecinos, por más que ellos se lo merezcan. Le pusimos varios rollos de tejido (alambre entrecruzado) a la vuelta y le acomodamos los boyeros para que no perdieran corriente. Sam me dijo que yo a él le deseaba la muerte, y yo me reía y le preguntaba porque, y me dijo que no me hiciera el tonto, que era porque él me hacía trabajar mucho cuando podría estar con los juegos de la computadora. Jajaja, ni que yo fuera tan haragán. Después le dimos una redada a todos los lechones posibles y los hicimos meterse donde estaban los tejidos. Quedaron algunos, claro, porque no se los pudo encerrar de una vez, pero tarde o temprano pudimos atrapar todos. No se escapó ninguno, y no pudieron ir a escarbar a campos ajenos, pero eso no les impide hacer cagadas, porque hoy, sin ir más lejos, descubrí que rompieron los caños que llevaban agua al cuadro. GRRRRRRRR…

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