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sábado, 10 de octubre de 2009

El cumpleaños de mamá.


El viernes 2 de Octubre fue el cumpleaños de mamá, y aproveché para hacer mi primer lechón asado. Hasta ese día no había hecho más que costillas, churrascos, chorizos, hasta pollos, pero nunca un lechón porque los que había eran demasiado grandes e iba a estar como cinco horas para asarlos y el resultado iba a ser incierto. Así que temprano, calenté el agua, rastreé el lechón que me pareció más grande (a lo que hace mucho que no carneaba ninguno, y comparados con los últimos que había hecho, todos me parecían chicos), lo maté, lo carneé, y lo pesé. Dio entre nueve y diez kilos. ¡Lindo! Le metí sal, le saqué el huesito del cogote (si uno no se lo saca, el lechón queda demasiado grueso en esa parte y no se asa bien), le partí las mandíbulas así la boca tampoco quedaba gruesa, y lo puse en la parrilla, donde ya tenía armado un fueguito regular. Le mandé brasa un buen rato, cuidando de que no se apagase lo que había prendido. Cuando ya se hizo un lado, lo di vuelta y lo bañé todo con agua con sal. Mamá me lo cuidaba cuando tenía que hacer otras cosas. En una de esas, cuando volví, vi que estaba lagrimeando. Claro, por papá. No le di ninguna de mis charlas para levantarle el ánimo, porque hay veces que uno precisa estar solo y que no traten de consolarlo de ninguna manera.
Primero llegó Sam en su moto y un poco más tarde vinieron Pat, el Turquito, y Gastón en la camioneta. Gastón no parecía muy entusiasmado por haber venido al campo, pero capaz que era por haber tenido que compartir el viaje con el primo, pero después se puso a jugar con mamá y se le fue toda la mufa. Le regaló a mamá unos aros y una chalina.El lechón me salió mejor de lo que esperaba, después de tres horas y media. Bien tiernito, el cuero crujiente, riquísimo, casi parecía que no lo había hecho yo solo (bueno, mamá me lo cuidó un poco). Lo que faltó (y que raro que Pat o yo nos olvidamos de eso) hubieran sido unas buenas cervezas porque el día daba para lechón asado con cerveza, pero nos tuvimos que conformar con vino y jugo. Después, para hacer la digestión, fuimos a darle de comer a los chanchos, y como era costumbre en las últimas semanas, fui a sacar los lechones del cuadro de enfrente, jejeje. Gastón me acompañó y tuvimos una pequeña pero seria charla. Yo le pregunté si le había gustado venir al campo, y me dijo que sí, que le había gustado muchísimo, entonces le dije que él y su mamá podía venir más seguido, si querían. Se detuvo y me dijo, con un léxico que no parece de un muchachito de cinco años “lo que pasa es que yo quiero venir, pero mi papá no me deja porque está enojado.” ¿Todavía está caliente por la frenada de carro que le pegó Pat el año pasado? Tendría que estar enojado con ella nada más, pero está enojado con todos, a lo loco que es. Y Car lo deja hacer, ella que nos tenía cagando cuando vivía acá. No, si papá tenía razón cuando les decía a mis hermanas “se van a conseguir un negro que les va a planchar las costillas”. ¿Por dónde iba? Ah, sí. Yo le dije que su papá (tipo pajero de mierda) tenía que dejarlos venir más seguido, y Gastón respondió diciendo “mi papá es muy malo por no dejarnos venir”. Cómo será el asunto que hasta el muchachito se da cuenta de lo que pasa muy claramente. Me dio risa después que me daba ordenes sobre como sacar los lechones, recomendaciones para que las vacas no se mueran de hambre (“hay que darles comida”, jejeje)… ¡Cómo le gusta dar ordenes a mi sobrino!

2 comentarios:

javi dubois dijo...

Marcus, no pienses que soy un loco obsesivo que le ha dado por devorar todos tus posts... qué vergüenza!
Si me dijeras que todas tus entradas las tienes recopiladas en un libro, pues lo compraría y no te molestaría más. Nunca me había pasado esto con ningún otro blog, es como si estuviese presente allí mismo y me emocionase con las lágrimas de mamá mientras cuidaba del asado.

marcus dijo...

JEJEJEJEJEJ, tus comentarios no molestan, amigo :)