Han comentado esto

sábado, 3 de enero de 2009

El porcino de hielo.


Estábamos en plena sacada de palos, y se apareció un auto azul cortito, no sé qué era, soy nulo para las marcas y los tipos de vehículos, con suerte sé diferenciar entre camionetas Ford y Chevrolet. Fui a atenderlo, y se bajó un tipo, López de apellido, que quería un lechón. Ya que grandes casi no había, le dije que había chicos, de entre siete y ocho kilos, entonces encargó uno para el día siguiente a la mañana. Bien, le tomé el pedido, y al día siguiente se lo hice. Cuando lo elegí, que sé yo, el lechón era negro y parecía tan saludable como los otros. Por lo general, los agarro de la pata y de acuerdo a como es la pata me doy una idea del cuerpo, es decir, si va a ser flacucho o no, y pensé cuando lo agarré “este va a estar fenómeno”. Recién cuando lo pelé vi que estaba muy flaco, costilludo, pero que le iba a hacer, ya era tarde para llamar al veterinario. Lo pesé, tratando de convencerme de que en realidad no estaba tan sumido como parecía, pero era idéntico al Hombre de Hielo que encontraron en los Alpes Italianos en el ’91, justo cuando nació cierta persona, jejeje, con la diferencia de que el Hombre de Hielo parecía obeso. Lo bueno es que dio justo (más o menos, bueno) el peso que el tipo quería, así que lo embolsé y me fui a hacer otras cosas a la espera del cliente. Al rato el tipo vino, pagó los cien pesos que eran, y se fue. Yo le comenté a mi madre que me parecía que el lechón no estaba en su mejor momento, y me dijo “entonces ese tipo no va a volver más”. Si, volvió. A devolver el lechón, que según él estaba muy feo, y que no iba a tener sabor por estar flaco. Que le vamos a hacer. Le devolví la plata y él me dio el lechón, que ahora reposa en el freezer, esperando que lo vendamos o que lo descongelemos para comérnoslo.

Entregando en Navidad.


Sí, ya sé que el título parece un tanto fuerte, pero fue lo que realmente pasó, y fue con todo el dolor posible, porque realmente yo no quería pero a la vez tenía que hacerlo. Hubo aparatos, palos enterrados, y hasta participación de familiares, a pesar de la fecha y de que algunos son bastante religiosos. Tuvimos que entregar el campo que alquilábamos, así que terminamos de enrollar los alambrados y sacamos los últimos palos que quedaban, y eso con la ayuda de algunos primos que vinieron de visita. ¿Qué creían, mal pensados? Ahora espero que Hernán y Vellón nos devuelvan los $800 tan cual lo prometieron. Aunque todavía nos falte sacar el bebedero, jejeje.
Sí, la verdad es que fue una Navidad poco común por el tipo de tarea que había que hacer, y la primera sin papá. Fue raro. Claro, como en las fiestas casi todos los días se pelan muchos lechones (cuando hay), y como hacemos los mismos trabajos de siempre sin tomarnos vacaciones ni feriados, la Navidad y todas esas celebraciones pasan como si fueran un día más, con la diferencia de que tomamos alguna sidra, alguna cerveza, comemos pan dulce y listo. Bah, y que el 1ro de todos los años vienen muchos parientes del lado de papá a comer asado. Es que yo pensaba que al ser la primera Navidad sin papá nos íbamos a poner pensativos, y eso, pero no pasó nada de eso. Lo único que lo demuestra es mamá, pero dice que ya se está acostumbrando a esta nueva vida. Qué cosa, ¿no? Uno siempre tiene la idea de que los padres van a llegar a viejitos, y que van a morirse dormiditos, o que nunca van a morirse, que es lo más común, y de un día para otro te quedas sin uno, ¿y qué podes hacer? Nada, y a jorobarse.

Asesinando lechones.


Buenasss... Como suele pasar en estas épocas, la semana desde Navidad hasta fin de año estuvo muy cargada de pedidos, y para recuperar la plata de los lechones que nos afanaron, decidimos recargar el precio de los lechones más chicos. Lo bueno de las fiestas es que a casi toda la gente se le van los escrúpulos que tiene todo el año a la hora de conseguir un lechón, así que pudimos ubicarlos sin mayores dificultades. Hasta vendí uno vivo que para mí daba siete kilos limpios, pero el tipo dijo “sí, este da ocho bien”, y que le voy a hacer, el cliente siempre tiene la razón, jejeje. El lunes a las seis de la tarde se me aparecieron tres simpáticos treintañeros (alguno sería de 25, capaz) en una camioneta azul doble cabina, y no sé de donde me conocerían, porque “marcusito de acá, marcusito de allá”, y me encargaron un lechón para dentro de una hora, que lo iban a ir a buscar. Cómo siempre, mi ojo clínico empezó a jugarme malas pasadas. No me hago el bueno, pero la mayoría de las veces puedo saber cuanto va a dar un lechón con solo mirarlo. Nunca le discuto nada, pero esa vez miraba todos los lechones gorditos y me parecían chicos. Al final agarré el que me pareció más cercano al peso que querían, y lo pelé con todos los nervios porque yo le daba seis o siete, y menos mal que dio el peso justo. Llegaron los tipos y se lo entregué (al lechón, je) y muy cordialmente le di la mano a cada uno, jeje. Uno se arregla con lo que encuentra.
Claro que también hubo de esos incidentes feos. Un tipo de una radio de acá (justamente uno que dijo “como se va a acabar el agua en el mundo si acá en la laguna de Cuero de Zorro, uno va, y ve todo el agua que hay”) había encargado dos lechones, uno para el 23 y el otro para el 30. Bueno, le llevamos el del 23, y el 30 le llevamos el otro. Ahí empezó a quejarse de que había tenido que tirar el 80% del lechón anterior porque era pura grasa, y le preguntó a Pat “¿le das de comer girasol para que junten tanta grasa?” y Pat le respondió, un tanto mosqueada “no, balanceado y maíz mojado” y el tipo le dijo “yo conozco de esto, no me cuentees” y ahí Pat se enojó y le dijo “ Yo no lo cuenteo. ¿Lo precisa o no lo precisa? Porque me lo da y listo, que lo puedo vender en cualquier lado, tenemos muchísimos más clientes”, y ahí el tipo se calmó de una manera increíble... Creo que no se había dado cuenta de que no vivimos de lo que él nos compra. ¿Por qué si el primer lechón le salió tan mal, no llamó para anular el segundo? Yo tengo la teoría de que ningún otro le quiere vender. Es un tipo re hinchapelotas, de los que se creen que porque te vienen a comprar una vez por año tienen el mismo derecho a exigir que los que te compran todo el tiempo. Tan hinchabolas será, que lo encargó 15 días antes, y hasta había elegido la lechona (eso, lechón no, lechona) que había que hacerle. En dos semanas un lechón puede variar mucho de peso. Había venido con un alcahuete que también encargó un lechón, y el alcahuete tan pesado como él, porque llamó como tropecientas veces para recordarnos que había que pelarle el lechón a tal hora... como si uno fuera estúpido o no se dedicara al asunto para el que lo han contratado.Y el 31 me di un gusto tremendo. Ya me parecía raro que todavía no hubieran venido. ¿Quienes podían ser? Los mílicos mangueando lechones. Los atendí yo y les dije que no había. Se fueron con las manos vacías, luego de que les dije que nos habían robado 17. Eso sí, me quedé con las ganas de darles una disertación sobre las posibles relaciones entre ellos y los chorros.