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jueves, 22 de enero de 2009

Domingo de gitanos.

El domingo, tuvimos una visita desagradable; gitanos, que nos había mandado un primo nuestro que nos odia. Averiguaron los precios de todo, y ponían unas caras de susto al saberlos, como si fueran tan altos. Querían que mamá les haga precio por los huevos, por dos gallinas, pero al final, solo se llevaron un lechón vivo. Después vi a mamá que se había puesto a llorar de nervios, porque le había caído muy mal la forma de portarse demasiado confianzuda de los gitanos. Menos mal que solo era un matrimonio; vinieron con varios muchachitos (entre los cuales había uno rubio bastante lindo), pero todos se quedaron en la camioneta donde habían venido, no se desparramaron por todos lados, como saben hacer. La verdad que a mí también me cayó mal eso, sobre todo, la forma de ser y de hablar del tipo. Su visita habrá durado quince minutos, y hasta ahora no han vuelto más, por suerte. Es que me aterran, con la fama que tienen. En cierto punto la mujer me dijo “pero nosotros somos buena gente, somos evangelistas”, mostrándome a las apuradas un libro abierto. ¿Y que hay con que lo sean? No por eso van a ser buenos, hay evangelistas buenos y evangelistas malos, como en todo. Y aparte, el detalle del que me di cuenta después. Si no es así, le pega en el palo, pero el libro que me mostró la tipa (bien con esas polleras sueltas y colorinches de las gitanas) no era la Biblia; las paginas eran las de un diccionario.

Magia.


Yo creía en ti, mago milagroso,
hasta que vi tu poder,
tus palomas salidas de la nada,
tus sillas inútilmente flotantes,
en la ciudad que llora sus penas.

El Profe.


13:55 del martes 20 de enero. Recién me llamó el Profe. Me sorprendió y me alegró el día. Él tendrá tantos conocidos, y que me haya llamado para ver como estaba, no tiene precio. Es bueno saber que alguien con quien has compartido algo de tiempo te recuerde.