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sábado, 22 de agosto de 2009

Diccionario del Diablo.


Hace algún tiempo me bajé de Internet “El diccionario del Diablo”, de Ambrose Bierce. Está muy bueno. Los significados de las palabras son desopilantes, y a veces dicen grandes verdades. Acá dejo algunos significados que elegí.

Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.

Aburrido, adj. Dícese del que habla cuando uno quiere que escuche.

Acusar, v.t. Afirmar la culpa o indignidad de otro; generalmente, para justificarnos por haberle causado algún daño.

Aire, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.

Alá, s. El Supremo Ser Mahometano por oposición al Supremo Ser Cristiano, Judío, etc.

Baco, s. Cómoda deidad inventada por los antiguos como excusa para emborracharse.

Botánica, s. Ciencia de los vegetales, comestibles o no. Se ocupa principalmente de las flores, que generalmente están mal diseñadas, tienen colores poco artísticos y huelen mal.

Calamidad, s. Recordatorio evidente e inconfundible de que las cosas de esta vida no obedecen a nuestra voluntad. Hay dos clases de calamidades: las desgracias propias y la buena suerte ajena.

Carro fúnebre, s. Cochecito de niños de la muerte.

Cementerio, s. Terreno suburbano aislado donde los deudos conciertan mentiras, los poetas escriben contra una víctima indefensa y los lapidarios apuestan sobre la ortografía. Los siguientes epitafios demuestran el éxito alcanzado por estos juegos olímpicos: “Sus virtudes eran tan notorias que sus enemigos, incapaces de pasarlas por alto, las negaron, y sus amigos, refutados por ellas en sus vidas insensatas, las arguyeron por vicios. Esas virtudes son aquí conmemoradas por su familia, que las compartió.” “Aquí en la tierra nuestro amor prepara. Un lugarcito a la pequeña Clara. Que todos compadezcan nuestro duelo Y el arcángel Gabriel la lleve al cielo.”

Cerbero, s. El perro guardián del Hades, que custodiaba su entrada, no se sabe contra quién, puesto que todo el mundo, tarde o temprano, debía franquearla, y nadie deseaba forzarla. Es sabido que Cerbero tuvo tres cabezas, pero algunos poetas le atribuyeron hasta un centenar. El profesor Graybill, cuyo erudito y profundo conocimiento del griego da a su opinión un peso enorme, ha promediado todas esas cifras, llegando a la conclusión de que Cerbero tuvo veintisiete cabezas; juicio que sería decisivo si el profesor Graybill hubiera sabido: a) algo de perros y b) algo de aritmética.

Conocido, s. Persona a quien conocemos lo bastante para pedirle dinero prestado, pero no lo suficiente para prestarle. Grado de amistad que llamamos superficial cuando su objeto es pobre y oscuro, e íntimo cuando es rico y famoso.

Crítico, s. Persona que se jacta de lo difícil que es satisfacerlo, porque nadie pretende satisfacerlo.

Desmemoria, s. Don que otorga Dios a los deudores, para compensarlos por su falta de conciencia.

Diario íntimo, s. Registro cotidiano de aquellos episodios de la vida que uno puede contarse a si mismo sin sonrojo.

Ecuanimidad, s. Disposición de soportar ofensas con humilde compostura, mientras se madura un plan de venganza.

Elogio, s. Tributo que pagamos a realizaciones que se parecen a las nuestras sin igualarlas.

Epitafio, s. Inscripción que, en una tumba, demuestra que las virtudes adquiridas por la muerte tienen un efecto retroactivo.

Espalda, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad.

Felicidad, s. Sensación agradable que nace de contemplar la miseria ajena.

Gárgola, s. Desagüe saledizo en los tejados de los edificios medievales, que por lo común tiene la forma de una grotesca caricatura de un enemigo personal del arquitecto o del propietario. Esto ocurría sobre todo en las iglesias y edificios eclesiásticos, cuyas gárgolas ofrecían una verdadera “galería de delincuentes” formada por los herejes y disidentes locales. A veces, al entrar en funciones un nuevo deán y un nuevo capítulo, las viejas gárgolas eran reemplazadas por otras, más estrechamente relacionadas con los resentimientos privados de los nuevos titulares.

Indefenso, adj. Incapaz de atacar.

Ineficaz, adj. Dícese de lo que no está calculado para favorecer nuestros intereses.

Mamíferos, s. Familia de vertebrados cuyas hembras, en estado natural, amamantan a su cría, pero cuando se vuelven civilizadas e inteligentes la dan a la nodriza o usan el biberón.

Peligro, s. Bestia salvaje que el hombre desprecia cuando está dormida, y de la que huye cuando despierta.

Rinconcito.


Estos días se me ha puesto por pensar en esto. Ya sé que existen las circunstancias, las posibilidades, las casualidades, los momentos inoportunos, las decisiones que uno no puede corregir y toda esa suerte de cosas sobre las que uno no tiene el menor control la mayoría de las veces, pero muy pocas veces uno termina donde quería llegar o hace exactamente lo que quería hacer, o ni siquiera sabe donde va a terminar. Por ejemplo, yo no sé que vamos a hacer cuando todo el lío de la sucesión se termine, si vamos a seguir acá en el campo o nos vamos a ir a vivir al pueblo. Porque el campo últimamente da menos de lo que se gasta en él; estamos resultando un fiasco para sacarlo a flote, pero me daría mucha lástima dejarlo, aunque me parta el lomo. Por ejemplo, en el patio hay un rincón entre dos paredes cruzadas donde el sol da fuerte, no importa si es otoño o verano, con un poquito de luz que haya ya hay calor. Este invierno no ha sido tan así, pero otros años yo me ponía ahí después de comer, y aunque a la mañana hubiera caído una helada soberana, al ratito yo me quedaba nomás con los pantalones puestos, los pulloveres y la remera ahí al costado, junto con las zapatillas. Estaba tan lindo que hasta me quedaba dormido o me tenía que ir para no acostumbrarme tanto a ese calorcito para no resfriarme después cuando me pusiera de nuevo al frío. Esto parecerá una pavada, pero es uno de los motivos por los que no quiero irme, porque en ningún otro lugar del mundo habrá una esquina que dé el mismo calor con la misma calidad que la de casa, ni tenga la misma dureza familiar (ladrillos de hace cien años), ni la misma ubicación, ni nada. A la vez, me pongo a pensar sobre si yo no tengo derecho a irme de acá y fabricar mis propios rinconcitos en otra parte. Esto por lo que estoy pasando es un corno, y no sé como reaccionar, porque tuve tiempo para pensar en momentos como este y no lo hice. La vida lo lleva a uno, de eso no hay duda. Uno puede llegar a entenderlo pero nunca a aceptarlo, y si uno no puede fabricarse rinconcitos, tiene que refugiarse en los que ya están construidos.