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sábado, 30 de enero de 2010

Algunas anécdotas.


Hola. No estoy de humor para saludar a nadie en especial ni para dar ningún premio, así que a jorobarse. Estos días me la pasé corriendo de acá para allá cuando cuidaba las vacas en la calle, porque parece que nada les alcanza. El otro día perdí el celular persiguiéndolas, y mientras lo buscaba casi se me fueron a la mierda, menos mal que las eché a un cuadro donde tienen comida, y espero que no se pasen al maíz. Ayer tuve que hacer un lechón. Como ahora tengo la mañana desocupada y al tipo le daba lo mismo irlo a buscar a cualquier hora se lo hice a la mañana. Ese habrá sido el peor degüello de toda mi vida. Buscándole el corazón le habré hecho un agujero de 10 centímetros de largo, y aún así tardó como diez minutos en morirse. Como no podía esperarlo a que se decidiera, cuando ya no parpadeaba cuando le metía el dedo en el ojo, lo metí nomás al agua caliente. No es de cruel, si igual ya estaba más muerto que vivo. Lo hubiera sido si lo hubiera metido al agua vivo del todo, si apuñalarlo ni nada.
Últimamente estoy probando cosas con la computadora, como para no aburrirme. Estoy empezando a guardar lo que escribo usando el teclado, y me resulta muy práctico, porque usar tanto el mouse aburre un poco, y aparte está un poco lento. Estoy jugando de nuevo al juego de rompecabezas “Pandora’s Box”, y es bastante entretenido. Me gustaría ponerle un tocazo más de memoria a la computadora para poder comprarme algunos juegos que en mi pobre artefacto no andan, o por lo menos, hacerla limpiar y arreglarle la reproductora de dvds, aunque no sé si será problema de la maquina o de la programación, porque los cds y dvds más nuevos que tengo no los reproduce para nada, pero lee sin problemas los que tengo desde hace algunos meses.
Quizás lo más gracioso que me pasó el último domingo fue que me decidí a ir a comprar cervezas en bicicleta, porque siempre que traigo es que voy con Pat, pero como el calor y la sed apremiaban, calcé la bici y fui a un supermercado chino al que me parece que hemos ido nomás una sola vez. Apenas un chino medio joven me vio entrar, me dijo “tal y tal cerveza no quedan”. ¿Me habrá visto tanta cara de borracho? No, supongo que antes que mí habrían ido otros a comprar lo mismo y tampoco había, je. Espero… Ah, también fui a visitar a Francisco, que el día anterior Pablo no había salido porque estaba descompuesto, yo di vueltas por el centro, hablé con Francisco, y quedamos en que el día siguiente lo iba a visitar a eso de las siete o las ocho para hablar y tomar algo porque ahora no podía porque se iba a dormir temprano. Bueno, fui, y habré estado como un boludo dando vueltas como una hora porque la casa estaba cerrada y el restaurante de su abuelo también, y me daba cosa llamar porque estarían durmiendo. ¡Será colgado ese Francisco…! Bah, igual no me hubiera podido quedar mucho, porque a las ocho Vir me mandó un mensaje diciéndome que los chiqueros estaban abiertos y que se habían salido todas las chanchas.

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