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sábado, 26 de junio de 2010

Encerrando al diablo.


Entre los quinientos libros que bajé de Internet, hay una selección de cuentos de la Edad Media en un libro que se llama “El Decamerón”. Hay uno que me ha gustado especialmente por lo gracioso que es, así que quiero compartirlo con ustedes.

La hermosa Alibech, de sólo catorce años, huye de su casa y se encamina al desierto a fin de convertirse en ermitaña para mejor servir a Dios. Se encuentra con un ermitaño que le da alojamiento pero, vencido por la tentación, no puede evitar seducirla. La niña es totalmente inocente.

“El ermitaño le mostró con muchas palabras cuan enemigo de Dios era el diablo, y después le dio a entender que el servicio más grato a Dios era meter al diablo en el Infierno, al cual Dios lo había condenado.

“La jovencita le preguntó cómo se hacía eso y el ermitaño le dijo:

—Pronto lo sabrás y para ello harás lo que a mí me veas hacer.

“Comenzó a despojarse de las pocas ropas que llevaba y se quedó completamente desnudo y lo mismo hizo la muchacha; arrodillóse como si quisiera rezar e hizo que ella se pusiera frente a él. Mientras estaban así, más inflamado que nunca el deseo del hombre al verla tan hermosa, se produjo la resurrección de la carne; mirándola, Alibech dijo maravillada:

“—Ermitaño, ¿qué es esa cosa que se te sale hacia afuera y que yo no tengo?

“—¡Oh, hija mía! —dijo él—, Es el diablo del que te he hablado; ya ves, me causa grandísima molestia, tanta que apenas puedo aguantarla.

“—¡Oh, alabado sea Dios, que veo que estoy mejor que tú porque no tengo ese diablo! —dijo la joven.

“—Dices bien, pero tienes otra cosa que yo no tengo, y la tienes en lugar de esto: tienes el infierno. Y te digo que Dios te ha mandado aquí para la salvación de mi alma porque, aunque este diablo me atormente, si tienes piedad de mí y sufres que lo meta en el infierno, me darás grandísimo consuelo y a Dios grandísimo placer y servicio, si has venido a estos lugares para hacer lo que dices.

“La joven, que jamás había metido a ningún diablo en el infierno, la primera vez sintió un poco de dolor, por lo que dijo al ermitaño:

“—Por cierto padre mío, mala cosa debe ser este diablo y verdaderamente enemigo de Dios, pues hasta al infierno y no a otros, le duele cuando lo meten adentro.

“—Hija, no siempre ocurrirá así —dijo el ermitaño.

“Y para hacer que no ocurriese, seis veces lo volvieron a meter antes de moverse de la yacija, tanto que por aquella vez le arrancaron la soberbia de la cabeza que de buena gana se quedó tranquilo.

“En los días subsiguientes retornó la soberbia varias veces y la joven, siempre obediente, se dispuso a quitársela; y sucedió que el juego empezó a gustarle por lo cual con frecuencia se dirigía al ermitaño y le decía:

“—Padre mío, he venido aquí para servir a Dios y no para estar ociosa: vamos a meter al diablo en el infierno.

“Al invitar la joven tan frecuentemente al ermitaño y animarlo al servicio de Dios, el hombre, que de raíces y de hierba y de agua vivía, pronto no pudo responder a los convites y por eso empezó a decir a la joven que no había que castigar al diablo, ni meterlo en el infierno sino cuando, por soberbia, levantase la cabeza: "Y nosotros, por la gracia de Dios, tanto lo hemos desganado que ruega a Dios quedarse en paz"; y así impuso algún silencio a la joven. Ésta, cuando vio que el ermitaño ya no le pedía meter el diablo en el infierno, le dijo un día:

“—Ermitaño, si tu diablo está castigado y ya no te da tormento, a mí mi infierno no me deja tranquila: conque bien harás si con tu diablo me ayudas a calmar la furia de mi infierno, como yo con mi infierno te ayudé a aquietarle la soberbia a tu diablo.”

1 comentario:

Luckitas dijo...

Buenísimo...!!! no lo conocia... voy a ver si bajo ese libro... aunque me gustaria q tuviera lecturas referidas a pibitos... habra...??? jeeeeee... chauuuuuuu...!!!