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miércoles, 7 de enero de 2015

¡Feliz Año nuevo!

Hola, gente, como va! Perdón por el retraso, pero yo ya nací así, jojo. Naaa, en serio, espero que hayan empezado bien este año y que les sea más leve que el año pasado, ignorando el hecho de que la vida no tiene calendarios y de que el año es solo un invento humano para tratar de organizarla y de que todo sigue sin fijarse si es febrero o septiembre. Al fin de cuentas, los calendarios y las horas no acomodan la vida, solamente la encarajinan.
Lo positivo es que por primera vez vendí todos los lechones, pero que estaban congelados y por el momento nadie se ha muerto ni quejado de que tuvieran feo gusto. Dos de los lechones se los vendí al Rubio, un remiserito joven que vive al lado de la remisería que siempre uso. Me he hecho gran amigo de él, su mujer, y de su hija, una bebita de ocho meses que parece ponerse contenta cuando me ve. Él me los debe aun a los lechones, pero ya arreglamos que me los va a devolver con viajes al campo o al pueblo, porque no le gusta tener deudas de ninguna clase.
Pues el 31 tuve éxito en mis propositos, y con mamá nos fuimos a comer a lo de sus parientes, para que salga un poco. Llegamos tempranito, con un calor de perros, algunos parientes en la pileta de mi tía, y todo así, pero yo tenía cosas que hacer, así que luego de saludar por arriba a todos los parientes, dije que ya volvía, y emprendí una gira visitando a algunos amigos. Fui a lo del Rubio, que ya estaba asando uno de los lechones, y anduve ayudándolo a correr el fuego porque se venía una gran tormenta. Luego de desearle feliz fin de año y todas esas guascas a él y su familia, volví sobre mis pasos, con algunas gotas cayendo (y yo haciéndome el meteorologo con el Rubio diciendole que no iba a caer nada, jajaja), y visité a Miguel, al que encontré descompuesto por unos remedios que había tomado en ayunas. No le quedó otra que irse a dormir temprano y dejar los festejos para días posteriores. Luego, volviendo a lo de la tía, visité a Pablo, que vive a dos cuadras, y me encontré con que estaba feliz porque no lo iba a visitar ninguno de sus parientes, porque según él todos son re pesados y siempre para comer ellos tienen que sacar de su almacen y la parentela no pone nada. Luego volví a casa de mi tía, donde ya estaban, entre otros, mi hermana, mi cuñado, y mi sobrinito más grande, menos mal que fui, porque se aburría entonces me ponía a jugar con él. Lastima que no estaban mis primos, claro, si todos ya son grandes y tienen la vida hecha. Nos pusimos a comer mientras veíamos como llovía y tronaba. Luego volvimos medio temprano a casa, tipo una de la mañana.
El día siguiente me levanté temprano. Había amenaza de lluvia para ese día también, pero por suerte no se cumplió. Puse a asar el lechón, le tenía desconfianza porque había sido congelado, descongelado con agua para alguien que al final no fue a buscarlo, y vuelto a congelar y descongelar. Yo pensaba que iba a tener un terrible gusto a humedad, pero sorprendentemente no. Vinieron los parientes por parte de papá y algunos amigos. Abundó la cerveza, y también un champagne que me habían regalado días atrás. A nadie le gustó, pero bien que bajó rápido.
El lunes fui al especialista de garganta para verme lo de las carnes crecidas, y, ¡oh, sorpresa! no tengo. Voy a tener que buscar otra excusa para la voz de mierda que tengo. Me dieron gotas para los oídos que me tengo que poner cuatro días antes de un turno que tengo que sacar, y me van a hacer una fibroscopía y una audiometría.
Y el día siguiente, Miguel me invitó a su cumple. Me tratan como de la familia, che, eso me honra mucho. También fue el cumpleaños de Fercho, mi colega escritor de Santa Rosa, y le mandé los correspondientes saludos. A propósito, el otro día hicimos algo tan nerd, y muy raro a la vez, la primera vez que hacía algo así. Los dos tenemos una amiga en común en Buenos Aires, entonces Fercho buscó una película en youtube, le dimos play a la vez, y la ibamos comentando en un chat que abrimos en el face. Fue algo muuuuy extraño. Volviendo al cumple de Miguel, estuvo muy bueno, había siete personas nomás, y sobró comida y bebida como para un regimiento, jeeee. Abrazo grande, gente, los quiero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Feliz 2015, troloooooooo...!!! Adiviná quien soy...???

marcus dijo...

Hmmmmmmmmm.... Ni idea, bah, tengo una minima idea, decime quien sos y te digo si estaba equivocado o no.

betulo dijo...

Luck es el que casi siempre te dice así.

marcus dijo...

Juas!!! Hola, Betulo, se nota que cierta gente se quiere hacer la interesante comentando como anonimo (ganas de buscarle pelea que tengo, ¿no? jejeje) Abrazo grande, te quiero.