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sábado, 14 de mayo de 2016

Caminando.

Voy caminando por paisajes campestres, sin saber a donde voy y sin molestarme en averiguarlo. El día está nublado pero bastante luminoso y nítido, y la niebla que hay se cierra completamente a los quinientos metros. Llevo mi campera de egresados del año 2000, aún bastante intacta, la pobre, un pantalón de jean azul y unas botas blancas. No sé que hora es, hace literalmente una eternidad que voy caminando. El pasto azul está lleno de rocío, pero por alguna razón, las botas no se me mojan, y las ramas colgantes, cuando las cruzo, no me llenan de lluvia fría, como si el agua que tienen no quisiera caerse. Los lugares por donde paso tienen una extraña quietud, no hay nada de frío y no corre una gota de aire. Voy por el medio de caminos secundarios y principales, sin nada de precaución porque sé que no va a pasar ningún vehículo, aunque a veces me desvío de manera aleatoria y me meto en los campos pasándome por los alambrados. Nadie me va a decir nada, porque todo está abandonado aunque sin señales de deterioro. Todo es una sucesión de infinitos campos cortada de vez en cuando por alguna ciudad, pero a los lugares urbanos los esquivo, son para visitar muy de vez en cuando.
La neblina se retira en cuanto me acerco a ella, pero en cambio, deja salir campos, de vez en cuando una casa, a veces tranqueras, y a veces montes de altos árboles lustrosos que parecen ocultar secretos en el fondo, y que parecen contar con una neblina particular. Normalmente uno desconfiaría, porque no se sabe quien o que podría aprovecharlo como escondite, pero yo sé que no hay nada. Nadie va a esconderse ahí a esperarlo a uno para nada, porque ahora eso ya no tiene sentido. Ahora todo es caminar, porque uno no siente ni cansancio, ni ganas de sentarse, ni hambre ni sed, ahora todo es cuestión de explorar y encontrar, no para guardarse nada, sino para ver, y de vez en cuando, manipular, pero sin modificar demasiado nada. Por ahí encuentro alguna llave francesa puesta en una torniqueta, como si la hubieran abandonado en el acto de estirar los aflojados alambrados; le doy una vuelta más a cada uno de los hilos, y me voy, dejando la llave francesa para el próximo que pase. Sí, hay otros como yo, con los que me cruzo cada tanto, de a uno. Todos vamos solos, no llevamos lastre humano, porque la soledad es como un privilegio. Los que surgen de la niebla saben ser amigos, desconocidos, conocidos o parientes, de cualquier sexo, edad y vestimenta, y a veces uno se detiene unos breves minutos a hablar con ellos, o simplemente los saluda a la distancia, tanto como si los ha reconocido como si no. No hay nostalgia o arrepentimiento de haber dejado atrás a alguien querido. Tenemos toda la eternidad para encontrarnos de nuevo.

4 comentarios:

javi dubois dijo...

Mi querido Marcus, espero siempre anhelante que aparezca un nuevo post tuyo; y es que sigo pensando que eres uno de los que mejor escriben y logran plasmar el devenir de los sentimientos y emociones como el paso de las nubes. Precisión, sencillez y mucha belleza. Cuanto desearía estar contigo en ese paisaje campestre que tan bien describes, acercaría con disimulo uno de dedos para que me cogieras de la mano y me lo fueras explicando todo a nuestro paso: el nombre de cada hierba, matorral, material de labranza, animales, tus sueños e ilusiones semiocultos por la niebla. Mi querido Marcs, mi abrazo no sería como esa lluvia fría que no cae ni cala la ropa, sino habitar un poco esa soledad en la que estás, una soledad que es una ausencia de miradas.
¿Por qé te da tanto miedo y reparo visitar mi blog si sabes que te quiero?
Besos

marcus dijo...

Hola, javi, como va. Muy bello tu comentario. A tu blog voy siempre, siempre lo visito, es que últimamente les comento poco a todos. Me encantó la entrada "El amante de mamá", es como para dejarse llevar leyéndolo, aun cuando este basado en la vida real, y los momentos reales no tienen continuaciones, estaría bueno que le hicieras una segunda parte. Abrazo fuerte, Javi, te quiero.

Lucky Luciano dijo...

Qué lindo MARCUS...!!! Salvada las distancias me hiciste acordar cuando era más chico e íbamos del campo a la laguna, con todos los chicos. Todo que viste y percibiste en tu narración, nosotros también lo vivimos y hoy lo reviví leyéndote.

Me gustó mucho la frase 'no hay nostalgias o arrepentimientos de haber dejado atrás a alguien querido... tenemos toda la eternidad para encontrarnos de nuevo'... Una frase simple que dice tantas cosas entre líneas...!!!

Besos putus...!!!

marcus dijo...

Abrazus a vus también, lesbianus...